Con el tiempo, el número de vendedores iba aumentando cada vez más. Había mucha competencia. Nadie regulaba quién sí o quién no podía trabajar en la línea.
Para comenzar estas líneas busqué en el diccionario la acepción de la palabra APODO: Sobrenombre, mote // (de apodar) Nombre que suele darse a una persona, tomado de sus defectos corporales o de alguna otra circunstancia.
Uno de los inventos más importantes y decisivos en el progreso de la humanidad sin dudas fue la rueda. De ahí el mundo empezó a rodar, a moverse.
Siempre me gané la vida con mi voz, pero jamás supe mi verdadera vocación, hasta que la descubrí en el tren.
Para vender en el tren hay dos técnicas. Una es el faldeo. Consiste en dejar el producto en el apoya brazos del asiento o directamente encima de la persona.