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Capítulo 5: Sembrar

Capítulo 5: Sembrar

Con el tiempo, el número de vendedores iba aumentando cada vez más. Había mucha competencia. Nadie regulaba quién sí o quién no podía trabajar en la línea. Por supuesto que si caía un paracaidista (así llamábamos a uno nuevo que subía para querer vender) se lo echaba. Pero aquellos que resistían, a la larga, se ganaban un lugar. Yo era el hijo del Tano, uno de los vendedores con más antigüedad. Por ese motivo nunca trataron de correrme. Igualmente, el recibimiento no fue muy bueno. Era un ambiente hostil, demasiado escasas eran mis oportunidades para vender. Era inexperto, nuevo, jóven (comencé cuando tenía 18 años) y además había reglas o códigos que tenía que cumplir. Por ejemplo: siempre tenía prioridad el vendedor que tenía más años en la línea; no se podía vender la misma mercadería que otro vendedor; no estaba aprobado que haya muchos buscas en el mismo tren; tampoco subir en cualquier estación, el cruce se debía respetar. 

¿Cómo vender con ese escenario feroz? ¿Cómo lograr que me compren a mí y no a mi competencia?

Lo logré aplicando las siguientes técnicas:

Positividad

Somos un imán, atraemos lo que emanamos. Si vivís quejándote de todo y de todos, hablas mal de los demás, deseas cosas malas a otros, van a llegar cosas negativas a vos. Pero si tus pensamientos hacia los demás son bondadosos y todas las palabras que salen de tu boca son positivas, cosas buenas llegarán a tu vida.  Esta ley se cumple, ¡créeme! Todo nuestro ser (cuerpo, mente y espíritu) envía energía al mundo y también recibimos energía. Tener buenas vibras es vital. ¿Cómo vas a ganar clientes con una actitud dañina? ¿Cómo vas a ser elegido y aceptado si tu energía o la atmósfera que vos generás es desfavorable? Cuando una persona es negativa, se siente, se percibe. O no te pasó que al aparecer alguien decís por dentro: “uh, sonamos”. Personas perniciosas cambian la buena armonía del lugar, esas que al solo verlas ya generan cosas negativas dentro de tu cuerpo. 

Eso es lo que no debía producir en ningún pasajero al subir al tren, y lo conseguí trabajando en obtener una buena…

Reputación

21… fueron los años que trabajé arriba del ex tren Urquiza, y durante todo ese tiempo me di cuenta de que la reputación es un valor añadido a la hora de vender. Siempre evité conflictos, trabajé mucho en no defraudar a nadie y traté de ser respetuoso con todo ser vivo. 

Si a algún pasajero le tocaba un producto con fallas de fábrica, se lo cambiaba de inmediato. Jamás silbé o piropeé a ninguna pasajera. Trataba de arreglar cada problema o conflicto que se producía con algún compañero del tren sin violencia. Pedía el asiento cada vez que una mujer embarazada estaba de pie. Ayudaba a cada familia a bajar del andén los carritos de bebé por las escaleras. En mi boca siempre estaban presentes las palabras mágicas: Hola, buenos días, por favor, permiso, gracias, perdón. Y esto no lo hacía para generar más ventas o porque sabía que me observaban. Sino porque soy un fiel creyente de “la ley de la siembra y la cosecha”: todo lo que uno hace volverá multiplicado, sea bueno o sea malo. Siempre hay que sembrar amor, buenos deseos, respeto, para poder vivir en paz.

Actualmente, en vhpproducciones sigo buscando técnicas para vender y sembrando muchas cosas positivas para obtener una cosecha exitosa.

Vos, ¿crees en la ley de la siembra y la cosecha? ¿Cuáles son tus técnicas de venta? 

Si es la primera vez que te topas con un artículo mío. Te invito a leer los demás, que se encuentran en la pestaña “blog” de vhpproducciones.com o en la sección “destacado” de LinkedIn. Así entenderás cómo, de vender arriba del tren, llegué a grabar para toda Hispanoamérica.

Hasta el próximo cruce…