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Capítulo 4: Buscavidas

Capítulo 4: Buscavidas

Buscavidas: /COLOQUIAL/ Persona que tiene habilidad para salir adelante en la vida.

Para vender en el tren hay dos técnicas. Una es el faldeo. Consiste en dejar el producto en el apoya brazos del asiento o directamente encima de la persona. La indiferencia del pasajero es altísima por eso muchos vendedores de forma confianzuda o invasiva prefieren poner lo que ellos venden encima del pasajero para captar su atención.

En mis comienzos en la venta ambulante utilizaba esa técnica, pero me di cuenta que traía muchos problemas. No a todos les gusta que invadan su espacio de viaje, su espacio personal. En muchas ocasiones recibí enojos, quejas y hasta me han tirado la mercadería al piso. Por eso opté por aplicar la segunda técnica: el chamuyo. Esta práctica no es fácil. Aquí hay que persuadir, convencer y vender solamente con el habla.

Te cuento lo que hacía: al entrar al vagón tenía que captar la curiosidad del público, entonces gritaba: “¡Señora!... ¡Señor!”. Con este pequeño grito la gente pensaba que alguien los estaba llamando ¡Listo!, todos ya me estaban mirando. Llegó el momento de “chamuyar”, vender mi producto. Al terminar mi speech comenzaba a caminar por el vagón y a cada pasajero le estiraba mi brazo, invitándolos a que agarren el producto que estaba en mi mano. Esa es la diferencia con el faldeo, nunca invado el espacio del pasajero ni tengo contacto con él.

Está comprobado que si uno compra, compran todos. Por eso, para romper el hielo, utilizábamos nuestras tretas. Una de ellas era decir: “Sí, como no señora/or, ya le doy”. La realidad es que nadie nos llamaba. O: “Gracias por su compra”. Nadie nos había comprado. Ojo, no te creas que con todo esto la venta era segura. Muchas veces después de utilizar todos nuestros trucos no se podía romper la indiferencia. No vendías nada. ¿Entonces? ¿Qué hacemos? La respuesta es simple: seguir. Se pasa al otro vagón, se pasa al otro tren, se da otra vuelta, se hace otro cruce y así hasta lograr alcanzar el suficiente monto para poner comida sobre la mesa.

Mi viejo siempre me decía: si te enojas no vendes. Cada vez que subíamos al tren la mente debía estar despejada, tranquila, nuestros sentidos controlados. Si uno está enojado, triste, fastidioso, no vende. Podés estar dos, tres horas hablando al público, dando vueltas, caminando tren a tren y nada. Seguís sin vender. Pero el carácter debe seguir firme. No hay que desesperarse. Porque al final, el que la pelea obtiene el resultado deseado.

El tren me enseñó a dominar mi temperamento. A no flaquear ante la adversidad. A no bajar los brazos. El tren me enseño a ser… buscavidas.